Álvaro Arbeloa ha aterrizado en la Premier League con la soberbia intacta, la chequera echando humo y el equipo coqueteando peligrosamente con el abismo del descenso. Mientras el Fulham respira de auténtico milagro tras rascar su primera victoria liguera y salir del pozo por los pelos tras el triunfo del Tottenham, su técnico se dedica a repartir carnets de grandeza en las salas de prensa inglesas y a acumular sanciones económicas. El multazo de 30.000 euros que le acaba de caer por rajar de los arbitrajes es solo el síntoma de un entrenador que está perdiendo los nervios ante un escenario que le viene grande.
«Quizás no sepas quién soy, pero jugué en el mejor equipo del mundo. He entrenado al mejor equipo del mundo», escupía hace apenas una semana el exmadridista para sacudirse las críticas de los tabloides británicos. Un discurso victimista que en el ecosistema mediático de Madrid le comprarían con los ojos cerrados, pero que en las islas británicas suena a excusa barata cuando acabas de reventar 54 millones de euros en tres chavales que hace cuatro días jugaban en Primera RFEF. En Inglaterra el currículum de jugador no te salva de la quema si tu equipo no carbura.
El problema real de Arbeloa en Craven Cottage no es la presión mediática ni los arbitrajes, todos sabemos que es un personaje conocido. El problema de Arbeloa es el insoportable tufo a conflicto de intereses que envuelve todo su proyecto deportivo. Como ya advertimos y desgranamos al milímetro en nuestro reportaje Ingeniería financiera: Real Madrid – Fulham, el desembarco del técnico en Londres no era un simple movimiento de banquillo; era una operación de despacho orquestada a plena luz del día.
Hablamos de un club histórico inglés que ha desembolsado unos delirantes 40 ‘kilos’ por Gonzalo García (dejando un 30% de los derechos y una opción de recompra en Madrid), 10 millones por César Palacios y otros 4 por Manuel Ángel ‘Mami’. Tres canteranos con cero experiencia en la máxima élite europea, pero con un nexo común de lo más conveniente: todos pertenecen a Best of You, exactamente la misma agencia de representación que lleva los asuntos del propio Arbeloa.
El chiringuito está montado de manual y las piezas encajan con una precisión que asusta. Best of You no es una agencia cualquiera. Fue fundada por Óscar Ribot, exjefe de prensa del Real Madrid durante la primera etapa de Florentino Pérez, y cuenta con exmadridistas como Esteban Granero en su organigrama. Por si fuera poco, esta agencia con sede frente al mismísimo Santiago Bernabéu llegó a inyectar tres millones de euros en calidad de préstamo a la empresa de marketing de Yago Arbeloa, hermanísimo del actual técnico del Fulham.
El negocio es tan redondo que roza el descaro: el Real Madrid hace caja limpia para cuadrar su fair play financiero vendiendo talento de la tercera categoría española a precio de estrella consagrada, la agencia amiga trinca sus jugosas comisiones por triplicado, y Arbeloa ejerce de caballo de Troya perfecto en la liga más rica del mundo, rodeado de sus pretorianos.
La prensa de la Premier League no perdona y ya está empezando a atar cabos. Usar a un club centenario como el Fulham como sucursal financiera de Valdebebas tiene un riesgo altísimo. Si el equipo londinense no arranca de verdad y sigue sufriendo en la zona roja, este cortijo de intereses cruzados se le va a caer encima a Arbeloa antes de comerse el pavo en Navidad, dejando al club con la cuenta corriente temblando y un agujero deportivo de proporciones históricas.





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