En el fútbol español hace tiempo que los partidos más tensos no se juegan sobre el césped, sino en los despachos, en las salas de lo penal y a golpe de titular. A un lado del cuadrilátero, el Real Madrid de Florentino Pérez; al otro, LaLiga bajo el puño de Javier Tebas. Lo que empezó como un simple roce por ver cómo se gestionaba el chiringuito ha terminado mutando en una guerra sin cuartel que amenaza con llevarse por delante los cimientos de nuestro fútbol. A día de hoy, ni se hablan, ni se esperan. Todo lo decide un juez.
El pastel de CVC: ¿salvavidas o expropiación?
El primer gran misil institucional llevaba el nombre de «LaLiga Impulso». Tebas pactó ceder un buen trozo del pastel de los derechos audiovisuales durante el próximo medio siglo al fondo CVC a cambio de una inyección de casi 2.000 millones de euros. Para la patronal, era oxígeno puro tras el ahogo de la pandemia. Para Florentino, respaldado entonces por Barça y Athletic, fue poco menos que un atraco a mano armada. El Madrid vio en este acuerdo una hipoteca inasumible y una «expropiación ilegal», desatando una lluvia de querellas que todavía hoy rebotan en los tribunales.
El cisma de la Superliga: la madre de todas las batallas
Si CVC es la guerrilla nacional, la Superliga es la Tercera Guerra Mundial del fútbol. Florentino lidera un órdago histórico para rediseñar el mapa europeo y plantar cara al bolsillo infinito de los clubes estado. ¿La respuesta de Tebas? Convertirse en el escudero de la UEFA y en el mayor enemigo público del proyecto. El presidente de LaLiga tiene claro que la Superliga es una bomba nuclear para las competiciones domésticas que arruinaría a la clase media. Los cruces de acusaciones aquí son munición pesada, con el Madrid denunciando que Tebas usa la caja común para financiar campañas de desprestigio contra la casa blanca.
El ‘Gran Hermano’ del vestuario
Y por si faltara picante, el conflicto se ha metido hasta las duchas. Buscando el aplauso fácil (y la pasta) al estilo de los deportes americanos, LaLiga sacó la chequera para premiar a los clubes que metieran las cámaras hasta en el último rincón del vestuario. El Madrid, tirando de orgullo, pegó un portazo, denunció la vulneración de su intimidad y volvió a querellarse contra Tebas, acusándole de retorcer el reglamento solo para asfixiar económicamente al club de Chamartín.
El barro mediático y los vídeos de la discordia
El último frente es pura dinamita mediática. La maquinaria de Real Madrid TV, diseccionando con lupa cada error arbitral, ha terminado por incendiar a todo el estamento y a la propia cúpula de LaLiga. Tanto es así que a Tebas se le calentó la boca comparando la línea editorial del canal con la propaganda nazi. Un patinazo que le costó una exigencia de dimisión inmediata y una carta al CSD pidiendo su cabeza.
El fútbol español vive hoy secuestrado por una judicialización constante. Cada asamblea es un campo de minas y el diálogo institucional está roto en mil pedazos. No hay tregua a la vista, ni nadie dispuesto a ceder un solo milímetro. Preparad las palomitas (o los abogados), porque el pitido final de este partido ni está, ni se le espera.





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