«Este artículo es la segunda entrega de una serie exclusiva de 10 capítulos en la que diseccionamos, con total rigor analítico, las entrañas del ‘Caso Negreira’. Si en la Parte I cartografiamos el ecosistema de poder dentro del Comité Técnico de Árbitros, en este segundo episodio nos adentramos en la ingeniería contable original. Analizamos cómo, entre las urgencias de Joan Gaspart y las alfombras de Joan Laporta, una modesta empresa de artículos de limpieza llamada Dasnil 95 se transformó en el vehículo societario que inoculó y normalizó el mayor conflicto de intereses en la historia del fútbol español.»
A principios de los años 2000, el Fútbol Club Barcelona atravesaba una de sus etapas más convulsas. Con Joan Gaspart en la presidencia (2000-2003), el equipo sufría sobre el césped, a la sombra del Real Madrid de los «Galácticos» y sumido en una profunda inestabilidad institucional y deportiva. Fue en este contexto de urgencias y nerviosismo donde, en el año 2001, se documentaron las primeras transferencias de fondos desde las arcas del club hacia la órbita de José María Enríquez Negreira.
Para canalizar estos pagos sin levantar sospechas en las auditorías internas ni en el estamento federativo, Negreira no fue contratado a título personal. El vehículo elegido fue Dasnil 95 SL, una sociedad mercantil que el exárbitro había fundado, como su nombre indica, en 1995. La paradoja de Dasnil 95 radicaba en su objeto social original: la empresa había nacido dedicada al comercio al por mayor de productos alimenticios, artículos de limpieza y, más tarde, regalos de empresa y material de imprenta (llaveros, bolígrafos o pins).
Sin embargo, a partir de 2001, esta modesta empresa de suministros comenzó a emitir facturas recurrentes al FC Barcelona. El concepto de los cobros experimentó una repentina metamorfosis; las facturas no reflejaban la venta de material de oficina, sino servicios de «asesoramiento técnico», «grabación de partidos» y «visionado de vídeos». Aquí cristaliza la primera gran anomalía que sustenta la acusación hoy en día: un club de élite mundial no acudió a una consultora deportiva especializada, sino a una empresa de artículos de limpieza cuyo único administrador y socio mayoritario era el vicepresidente en activo de los árbitros españoles.
En 2003, Joan Laporta ganó las elecciones y asumió la presidencia del club, prometiendo levantar las alfombras de la gestión de Gaspart. Habitualmente, en los cambios de ciclo directivo, los contratos de asesoría externa heredados son los primeros en ser rescindidos. No obstante, la relación comercial con Dasnil 95 sobrevivió a la criba. Durante el primer mandato de Laporta (2003-2010), los pagos no solo se mantuvieron, sino que se normalizaron como un gasto estructural dentro de la contabilidad del club.
Aunque los importes anuales durante esta primera década (estimados entre 150.000 y 300.000 euros por temporada) quedaban lejos de los picos millonarios que se alcanzarían años después, su relevancia histórica es capital. Fueron los años de Gaspart y Laporta los que engrasaron el modus operandi. En esta etapa se rompió la barrera ética y se estableció un hábito peligroso: el club normalizó tener en nómina al número dos de los árbitros, y Enríquez Negreira se acostumbró a percibir un sobresueldo del Barça que multiplicaba exponencialmente lo que ingresaba por su cargo oficial en la Federación. La semilla del mayor escándalo del fútbol español ya había germinado.
Con la maquinaria contable de Dasnil 95 perfectamente engrasada durante la primera década de los 2000, el FC Barcelona y la familia Negreira se enfrentaron a un nuevo reto: justificar físicamente la salida constante de esos fondos. La «asesoría verbal» ya no era suficiente como coartada ante posibles auditorías. El entramado necesitaba una tapadera técnica, y para ello el foco se trasladó de los despachos presidenciales a los aledaños del Camp Nou. ¿Quién redactaba realmente los informes millonarios? Y lo que es más inquietante, ¿cómo se aprovechaban los traslados en coche desde el hotel hasta el estadio para tejer una red de influencia psicológica sobre los colegiados a escasas horas del pitido inicial? Lo analizaremos en la tercera entrega de esta serie: la entrada en escena de Javier Enríquez Romero, el ejecutor en la sombra.





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